01 (477) 773 23 36 | 01 (477) 312 19 74

Salud Mental y Prevención del Suicidio

Dic 3, 2019 | 0 Comentarios

La salud es, según la constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS), “un estado de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” (2013). Esta definición presenta 3 áreas principales que conforman el bienestar total del ser humano, no obstante, considerando la complejidad de las múltiples dimensiones que componen su desarrollo (físico, neurológico, cognitivo, emocional, social, cultural, etc.), determinar cuál de estas áreas es la más importante es un ejercicio infructuoso.

Teniendo en cuenta que todos los ámbitos que rodean la vida del ser humano son sustanciales para su desarrollo pleno, en este texto se explora y explica principalmente la importancia de la salud mental para el bienestar de las personas. Para poder hablar de la importancia de este tipo de salud, primero se debe de hablar del rol vital de las emociones.

Cuando se aborda el tema de las emociones, no sólo se habla directamente de los sentimientos. Las emociones son multidimensionales, por lo que estas se relacionan también con factores como la motivación, la percepción, las reacciones biológicas de adaptación, la comunicación expresiva, entre otras, ya que “en la emoción hay más que sólo un sentimiento o sólo una expresión” (Reeve, 2010: 222).

Las emociones “energizan y dirigen la conducta”, por lo tanto, ayudan al ser humano a adaptarse y dar respuesta a los estímulos del entorno; a su vez, las emociones impactan en diversos procesos mentales como la atención, la memoria, la percepción, entre otros. Se considera que las emociones funcionan también como un indicador para evaluar qué tanto una persona se adapta de manera positiva o negativa a su ambiente. (Reeve, 2010)

Siguiendo con la OMS, “la buena salud mental hace posible que las personas materialicen su potencial, superen el estrés normal de vida, trabajen de forma productiva y hagan aportaciones a su comunidad” (OMS, 2013).

A pesar de que puede existir una dificultad para diferenciar la salud mental de la emocional, en este texto con base a la documentación revisada, incluimos la salud emocional dentro de la salud mental, debido a la multidimensionalidad de las emociones que contemplan factores biológicos, cognitivos y motivacionales, así como la alta influencia que tienen sobre los comportamientos de la persona.

Si bien las emociones tienen una base biológica en el que están implicados el sistema nervioso, las estructuras cerebrales y los procesos mentales, la salud mental no sólo depende de estos factores orgánicos para regular las emociones, pensamientos y comportamientos, sino que también las interacciones del ser humano con el ambiente físico, político, social y cultural, ejercen una fuerte influencia en la interpretación y la significación que la persona le da a los acontecimientos que lo rodean, constituyendo un posible factor de riesgo para la salud mental (Mulsow, 2008; OMS, 2013). En otras palabras, el individuo interpreta las situaciones a través de un sistema de conocimientos y de valores.

Este sistema se denomina como cultura emocional. El cual alude al hecho de que en “cualquier grupo social existe un repertorio de conductas y sentimientos adecuados a una determinada situación en función de factores como el estatus social, la edad, y el sexo” (Bourdin, 2016). 

La importancia de este concepto reside en mostrar que las emociones no son sustancias, fijas e inmutables que se encuentran en las mismas circunstancias en cualquier sociedad. Sino que cambian en todo instante, “cada vez el que el mundo se transforma, que los interlocutores cambian o que el individuo modifica su análisis de la situación” (Le Breton, 2012: 71). 

Este enfoque nos aleja de la manera clásica de entender las emociones, vistas como fenómenos psico-fisiológicos e individuales. Incluso permite entender que el deterioro de la salud mental puede estar determinado por factores sociales, psicológicos, ambientales, biológicos y económicos-políticos. Toda persona o grupo social puede correr riesgo de sufrir problemas de salud mental.

Como se mencionó anteriormente, el desarrollo emocional de las personas puede verse influido por factores sociales, políticos y culturales, por lo que la desigualdad social y estructural que existe en las sociedades puede vulnerar de manera más directa la salud mental de un determinado grupo de personas.

Entre estos grupos vulnerables se pueden encontrar miembros de las familias que viven en condición de pobreza, las personas con problemas de salud crónicos, la niñez expuesta al maltrato o al abandono, las y los adolescentes expuestos por vez primera al abuso de sustancias, las poblaciones indígenas, las población adulta mayor de 60 años, las personas sometidas a discriminaciones y violaciones de los derechos humanos, la población homosexual, bisexual y transexual, las personas encarceladas o las personas expuestas a conflictos, desastres naturales u otras emergencias humanitarias (OMS, 2013).

La exposición a diversos acontecimientos que afectan el desarrollo emocional, como algunos mencionados anteriormente, pueden deteriorar la salud mental y determinar la aparición de padecimientos tales como la depresión, la ansiedad, la epilepsia, las demencias, la esquizofrenia, y los trastornos del desarrollo en la infancia (Sandoval De Escurdia y Richard Muñoz, 2013). Estos padecimientos y las condiciones de vulnerabilidad en las que se encuentra una persona pueden constituir un factor de riesgo que aumenta las probabilidades de que se suscite el suicidio (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, 2017).

¿Te interesa este artículo?

Si encuentras muy interesante este artículo ¡compártelo en tus redes sociales! También puedes leer más sobre temas de juventud en nuestra sección de Artículos.

La OMS define el suicidio como “todo acto por el que un individuo se causa a sí mismo una lesión, o un daño, con un grado variable de la intención de morir, cualquiera sea el grado de intención letal o de conocimiento del verdadero móvil” (Citado en Jiménez & Cardiel, 2013: 210). Por otra parte, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) lo define como “el acto o conducta de las personas que destruye su existencia” (citado en Jiménez & Cardiel, 2013: 210). En ambas definiciones la muerte del individuo es el foco de atención.   

El suicidio se puede analizar desde varias perspectivas; desde lo psicológico y lo social. En términos de la psicología, la conducta suicida se compone de factores emocionales y cognitivos que llevan al individuo a buscar en la muerte una solución a las frustraciones, sufrimientos, enojos o miedos que lo agobian (Jiménez & Cardiel, 2013).

Desde lo social “el suicidio no se trata de una decisión personal privada, sino de un fenómeno social que obedece a ciertos factores socioculturales presentes en toda sociedad y que influyen de manera directa en la conducta suicida” (Jiménez & Cardiel, 2013: 207).

Los siguientes son datos proporcionado por la OMS para el año 2018 con respecto al suicidio en el mundo:

  • Cerca de 800 000 personas se suicidan cada año.
  • Por cada suicidio, hay muchas más tentativas de suicidio cada año. Entre la población en general, un intento de suicidio no consumado es el factor individual de riesgo más importante. 
  • El suicidio es la segunda causa principal de defunción en el grupo etario de 15 a 29 años. 
  • El 79% de todos los suicidios se produce en países de ingresos bajos y medianos. 
  • La ingestión de plaguicidas, el ahorcamiento y las armas de fuego son algunos de los métodos más comunes de suicidio en todo el mundo (OMS, 2018).

En México el incremento de los suicidios ha sido constante. Durante 2010 se presentó 4091 suicidios en hombres y 921 en mujeres; para el 2015 hubo 5141 suicidios en hombres y 1280 en mujeres; y finalmente, para el año 2017, 5323 suicidios para hombres y 1223 para mujeres (INEGI, Estadísticas de mortalidad, 2018).  

Jiménez y Cardiel rastrean la tendencia de los suicidios a partir de la década de los ochenta en México. Fue en estos años que se inicia una mayor urbanización y, por ende, un incremento en la migración hacia los núcleos urbanos. Remitiendo al sociólogo Durkheim, los autores se basan en el postulado de que “el suicidio es un reflejo de las sociedades, las cuales, en un contexto moderno carecen de cohesión social, así como de sentido de pertenencia, e incrementan el riesgo de cometer suicidio” (Jiménez & Cardiel 2013: 212).

Por otra parte:

en el actual contexto neoliberal, además de la disminución de lazos sociales, la desigualdad de acceso a oportunidades, así como la insuficiente satisfacción de necesidades originan sentimientos de desesperanza, tristeza, incertidumbre, desesperación y soledad, que pueden convertirse en un detonante para el desarrollo de trastornos como la depresión, que ya vimos, suele ser la antesala del suicidio (Jiménez & Cardiel, 2013: 213).  

Con respecto a las causas que se presentan en el grupo de los y las jóvenes de 20 a 29 años se encuentran los problemas familiares, amorosos, depresión y ansiedad, el abuso de alcohol y drogas, entre otras (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2017).

Para el estado de Guanajuato, el INEGI lo coloca en el año 2016 con la sexta tasa de suicidios más alta del país con 7.8 casos por cada 100 000 habitantes (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2017). 

Algunos autores han entrelazado el suicidio en Guanajuato con el fenómeno de la migración, en especial con aquellos que se dirigen a Estados Unidos y Canadá; lugares reconocidos con altos índices de suicidios (Chávez, Macias, Palatto, y Ramírez, 2004).  

Esto genera en los migrantes un choque cultural propio de la migración. También el uso de armas y el consumo de drogas contribuye al suicidio. “El uso de alcohol en el momento del suicidio se observó con mayor frecuencia entre los hombres; cuatro de cada diez varones lo habían consumido (41%) y de las mujeres sólo 7.8%. (Chávez et al., 2004: 19).

Prevención y control del suicidio

Los suicidios se pueden prevenir. La OMS (2018) presenta algunas medidas que se pueden tomar para generar estrategias adecuadas para prevenir el suicidio: 

  • Restricción del acceso a los medios de suicidio (por ejemplo, plaguicidas, armas de fuego y ciertos medicamentos); 
  • Información responsable por parte de los medios de comunicación; 
  • Introducción de políticas orientadas a reducir el consumo nocivo de alcohol; 
  • Identificación temprana, tratamiento y atención de personas con problemas de salud mental y abuso de sustancias, dolores crónicos y trastorno emocional agudo; 
  • Capacitación de personal sanitario no especializado, en la evaluación y gestión de conductas suicidas; 
  • Seguimiento de la atención dispensada a personas que intentaron suicidarse y prestación de apoyo comunitario”.

Consideraciones finales

Las recomendaciones de la OMS, vistas más arriba, ponen mayor atención en la restricción del acceso a los medios de suicidio. Esto, en primera instancia, no está resolviendo el problema de raíz. Se requiere de un mayor control de los factores de riesgo que son multifactoriales. El incremento de los suicidios es la prueba de que estas medidas deben de reformularse.   

Para atender este problema de salud pública, es necesaria la coordinación interinstitucional tanto público como privado para coadyuvar en la prevención del suicidio. Como ya se expuso, el suicidio puede analizarse desde distintas ópticas; la social y la psicológica. Es necesarios que estas trabajen en conjunto para la generación de información más aterrizada sobre las causas que llevan a los y las jóvenes al suicidio y generar mejores acciones de prevención e intervención.

En el caso de Guanajuato se debe de poner más atención en la relación migración-suicidio. Y no debemos olvidar a los grupos indígenas y a los migrantes que llegan a Guanajuato solamente de paso o para establecerse. Sobre todo, debe trabajarse en las desigualdades sociales que padecen los jóvenes, cuyo problema puede identificarse como uno de tantos problemas de deterioro mental.     

Por último, es de gran importancia la participación ciudadana para combatir el consumo de drogas y mejorar la comunicación con aquellos que estén en situación de riesgo. También implica que los y las jóvenes y sus familias demanden a las autoridades correspondientes, una mayor atención a este problema de salud. Ya que la salud, como derecho, debe de proporcionarse a toda persona.

Dónde acudir para recibir apoyo contra el suicidio en el Estado de Guanajuato

En la página http://dinamicamente.mx/ o en el Teléfono: 800 290 00 24 se encuentra un listado completo de las instituciones del Estado de Guanajuato capacitados para la atención mental y prevención del suicidio.

Bibliografía

 

Karen Andrea Del Carmen Quiroz Estrada

Correo electrónico: andy.quiroz.e@hotmail.com

Licenciada en Psicología especializada en el área social por parte de la Universidad de Guanajuato. La investigación y el trabajo de intervención psicosocial han sido parte esencial de mi formación, siendo participe de eventos tales como el Verano de Investigación UG, el Encuentro de Jóvenes Investigadores y el Congreso Mexicano de Piscología Social; además de haber diseñado e implementado intervenciones para promover las actitudes proambientales, fomentar hábitos saludables, visibilizar y desnormalizar la violencia de género en los espacios públicos, entre otros.

Julio Adrián Rojas Martínez

Correo electrónico: ja.rojas.martínez89@gmail.com

Soy licenciado en Antropólogo Social y futuro historiador; mis temáticas de interés son: la antropología médica, biopolítica y producción de la pobreza, instituciones de control social, marginalidad y delito.