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Juventudes en México, conductas de riesgo

Dic 3, 2019 | 0 Comentarios

Este artículo se desarrolla para exponer qué son las conductas de riesgo y cómo éstas disminuyen la calidad de vida de las juventudes leonesas. Primero se definirá qué es ser joven, proseguimos con la definición de conductas de riesgo, así como los factores de protección que surgen en contraparte, procedemos con el contexto nacional y regional de dicha situación, para posteriormente continuar con las aristas del surgimiento de las conductas y finalmente se presentan las conclusiones.

El Instituto Mexicano de la Juventud define juventud como el periodo de vida de una persona que se ubica entre la infancia y la adultez, entre los 12 y los 29 años; sin embargo, también implica un conjunto de características subjetivas y diversas (Juventud, 2019).

La definición de “ser joven” es tan variada que está influida por factores de estado de salud, de alimentación, clase social, cultura, nivel física o intelectual, entre otros, por lo que hablamos de “juventudes” reconociendo la diversidad de personas, de vivencias.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) por su parte, define la adolescencia como “el periodo de crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, entre los 10 y los 19 años. Se trata de una de las etapas de transición más importantes en la vida del ser humano, que se caracteriza por un ritmo acelerado de crecimiento y de cambios” (OMS, 2019). Algunos de los cambios que se presentan son los siguientes:

Fuente: Elaboración propia con datos de la Secretaría de Seguridad Pública (2011) y Papalia, Feldman & Martorell (2012).

Conductas de Riesgo

La Secretaría de Seguridad Pública define la conducta de riesgo como “todo comportamiento contrario a mantener la integridad física, emocional o espiritual de las personas y que puede incluso atentar contra su vida”.  En el caso de los y las adolescentes, estas conductas comprometen aspectos de su desarrollo psicosocial o su supervivencia, por lo que incrementan la posibilidad de sufrir algún daño o de cometer conductas infractoras (Secretaría de Seguridad Pública [SSP], 2011).

Luz Helena Alba define conducta de riesgo como “cualquier comportamiento que comprometa los aspectos biopsicosociales del desarrollo exitoso del adolescente” (Díaz & González, 2014). Dado que entre la pubertad y la adultez temprana las estructuras cerebrales que se encargan de regular las emociones, el juicio y el autocontrol, aún no se encuentran totalmente maduras, los y las jóvenes están propensos a llevar a cabo conductas de riesgo por factores como la influencia socioemocional de su grupo de pares (amistades y compañeros/as) y por la dificultad madurativa para regular tanto sus emociones como sus actos (Papalia, Feldman & Martorell, 2012).

El origen de las conductas de riesgo en adolescentes puede ser multifactorial, es decir que existen una diversidad de elementos, conocidos como factores de riesgo, alrededor de la vida de los jóvenes que los pueden orillar a realizar comportamientos que atenten contra su integridad y la de los demás. Un factor de riesgo es una característica que está presente ya sea de manera interna o externa a la persona, y que puede aumentar las “probabilidades de daño o resultados no deseados para el adolescente”. Los factores de riesgo suelen ser el escenario donde se desarrollan las conductas problema o conductas de riesgo (Díaz & González, 2014).

Donas Burak en el 2001, en “Factores de riesgo y Factores de protección en la adolescencia” citado por Páramo (2011), brinda algunos ejemplos para hacer una distinción entre conductas de riesgo de amplio espectro y conductas de riesgo que son específicos para un daño

Fuente: Elaboración propia con datos de Páramo (2011).

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Páramo menciona otros ejemplos de factores de riesgo:

Existe evidencia que relaciona la aparición de comportamientos antisociales en infantes y jóvenes con el tamaño y la composición demográfica de la familia, así como la calidad de la interacción intrafamiliar. Un ejemplo es la presencia con mayor porcentaje de consumo de alcohol y tabaco en hogares monoparentales (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2016).

Factores de protección

En contraparte con los factores de riesgo, existen los factores de protección, los cuales son aquellos que fomentan estilos de vida y patrones conductuales sanos que se adquieren de manera personal, en la familia, en la escuela o con las amistades y que ayudan a reducir el impacto y los efectos negativos de los factores de riesgo (SSP, 2011; Aguiar & Acle-Tomasini, 2012).

 Algunos ámbitos en los cuales se pueden fortalecer los factores protectores son:

  • Desarrollo personal

Fomentar capacidades referentes a la autoestima, la asertividad, el altruismo, la creatividad, el autocontrol emocional, la confianza personal, el sentimiento de autoeficacia, entre otros, pueden contribuir al desarrollo de las capacidades de cada persona para confrontar los riesgos a los que está expuesto (Aguiar & Acle-Tomasini, 2012).

  • Aprovechamiento del tiempo libre 

La recreación es un factor de bienestar social y desarrollo humano, en donde el autoconocimiento, la interacción y la comunicación, contribuyen a la formación de un ser humano integral, capaz de favorecer el desarrollo social (SSP, 2011).

  • Salud

Hablar de factores protectores en la salud, es hablar de características en un individuo, familia, grupo o comunidad que favorecen el desarrollo humano, el mantenimiento o la recuperación de la salud; y que pueden contrarrestar los posibles efectos de los factores de riesgo, de las conductas de riesgo y, por lo tanto, reducir la vulnerabilidad, ya sea general o específica (Páramo, 2011).

Donas Burak en el 2001, como se referencia por Páramo (2011), menciona que existen dos tipos de factores protectores: de amplio espectro, es decir, índices de mayor probabilidad de conductas protectoras que favorecen el no acontecer de daños o riesgos; y factores protectores específicos a ciertas conductas de riesgo. Burak plantea el siguiente esquema:

Contexto nacional y regional

Es indispensable mencionar la situación actual de las conductas de riesgo en jóvenes tanto en México como en León.

Juan Pablo Gutiérrez en “Desigualdad en indicadores de comportamientos de riesgo en adolescentes en México: análisis de dos encuestas de salud” menciona que, considerando la relación entre los comportamientos de riesgo y las condiciones socioeconómicas en México, se ha registrado que la población en condiciones de vulnerabilidad socioeconómica tiene más posibilidades de consumir sustancias adictivas y tener relaciones sexuales sin protección. (Gutiérrez, García-Saisó, Espinosa-de la Peña, & Baladrán, 2016)

En el año 2016, el Instituto Nacional de estadística y Geografía (INEGI) elaboró un informe titulado “Factores de riesgo y conductas antisociales en jóvenes de áreas urbanas de México” en el que se analiza la información recolectada de la Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (ECOPRED), así como, cuatro conductas de riesgo (1) consumo de tabaco, 2) consumo de alcohol, 3) consumo de drogas ilegales y 4) vandalismo y daño en propiedad ajena) en jóvenes de 12 a 29 años de edad en 97,850 viviendas de 47 ciudades, entre las cuales se encuentra León.

En León de los Aldama, se encontró que el 9.6% de las juventudes están relacionadas con el vandalismo, el 13.4% de las juventudes son consumidoras de drogas ilegales. Mientras que, en consumo de drogas ilícitas, se registró que el 18.2% y un 38% de porcentaje tiene amistades con conductas antisociales (INEGI, 2016).

Aristas del surgimiento de las conductas de riesgo

La aparición de conductas de riesgo en la población joven puede ocurrir debido a los cambios surgidos en la etapa de la adolescencia (como el desequilibrio entre la madurez biológica y social, el incremento del deseo de autonomía, el deseo de ser aceptado por el grupo de amistades, la búsqueda de una identidad, etc.) así como también pueden tener su origen en la interacción de diversos factores en los distintos ambientes que envuelven la vida cotidiana del adolescente (por ejemplo la violencia intrafamiliar, malas prácticas de crianza, la estructura de la comunidad, el apoyo social de otras personas o de la comunidad, etc.) (Papalia, Feldman & Martorell, 2012).

El papel de las familias ha sido considerado relevante en la prevención de las conductas de riesgo, apreciado como el primer agente protector y facilitador del desarrollo en el/la adolescente, en cuyo interior, el grado de funcionalidad influirá en que el o la joven se convierta en una persona autónoma, capaz de enfrentarse e integrarse a la vida. Los estilos de crianza parental pueden tener un efecto positivo o negativo en la incidencia de conductas de riesgo adolescente, comprobándose que a mayor apoyo parental y control conductual hay menor consumo de drogas, autoagresión, violencia y depresión entre otras (Valenzuela Mujica, Ibarra, & Zubarew, 2013).

Durante la adolescencia, la familia se enfrenta a una serie de situaciones complejas, donde cada uno/a de sus integrantes contribuye al funcionamiento de la misma manteniendo su identidad, a través del ejercicio de roles, funciones y tareas. Las familias empiezan a sentir un desequilibrio en la organización de las pautas previamente establecidas, teniendo que realizar un ajuste en los estilos de crianza para otorgar al adolescente un entorno adecuado y saludable para su desarrollo. Se ha apreciado que las conductas de riesgo son altamente prevenibles en la adolescencia temprana; sin embargo, a nivel mundial se registra un aumento de dichas conductas, lo que hoy se posiciona como problemática de salud.

Desde una perspectiva más sociológica, Donas Burak (2001) observa que las adolescencias y juventudes de América Latina han sido y continúan siendo objeto de violencia política, económica, educativa y cultural al no considerarse el ejercicio de sus derechos. Están incluidas entre la población vulnerable, pero además se les usa en los ejércitos, en las fuerzas policiales para reprimir e infiltrarse en los movimientos juveniles y obreros, y se les usa cada vez con más frecuencia como “mulas” en el transporte y tráfico de drogas. También están expuestas al mundo globalizado, con su contaminación ambiental e informativa, la gran invasión de imágenes, el alto consumo de televisión y de estimulación erótica. Cabe agregar, finalmente, la alta frecuencia de abuso físico, emocional, por depravación y sexual, al que los someten padres y profesorado (Páramo, 2011). 

Los factores comunes que determinan las conductas riesgosas de la juventud en alto riesgo, también han sido revisados por Florenzano Urzúa en 1998, quien señala algunos factores importantes como la edad, expectativas educacionales y notas escolares, comportamiento general, influencia de los pares (compañero/as y amistades), influencia de los padres, calidad de la vida comunitaria, la calidad del sistema escolar y ciertas variables psicológicas (el diagnóstico de depresión, junto con el de estrés excesivo, es el que aparece más frecuentemente asociado con las diversas conductas de riesgo adolescente) (Páramo, 2011).

Las conductas de riesgo en adolescentes son evidentes en la salud, siendo las principales responsables de la morbimortalidad en esta etapa, entre las cuales se mencionan anteriormente, que implican un deterioro considerable en la salud del adolescente afectando su calidad de vida, la inserción con igualdad de oportunidades en la sociedad y puede llegar a promover la aparición de las enfermedades crónicas no transmisibles en la edad adulta como diabetes, enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades respiratorias crónicas y enfermedad renal (Valenzuela Mujica, Ibarra, & Zubarew, 2013).

La adolescencia resalta por ser un momento de promesas y oportunidades, sin embargo, también puede ser, un periodo de graves consecuencias para la salud. Los problemas de salud del adolescente son predominantemente psicosociales, es decir, derivan de sus estilos de vida y conductas, los cuales son modelados primordialmente en el interior de la familia y también con base a sus interacciones con el entorno (Valenzuela Mujica, Ibarra, & Zubarew, 2013).

Conclusiones

Desde una perspectiva más sociológica, Donas Burak (2001) observa que las adolescencias y juventudes de América Latina han sido y continúan siendo objeto de violencia política, económica, educativa y cultural al no considerarse el ejercicio de sus derechos. Están incluidas entre la población vulnerable, pero además se les usa en los ejércitos, en las fuerzas policiales para reprimir e infiltrarse en los movimientos juveniles y obreros, y se les usa cada vez con más frecuencia como “mulas” en el transporte y tráfico de drogas. También están expuestas al mundo globalizado, con su contaminación ambiental e informativa, la gran invasión de imágenes, el alto consumo de televisión y de estimulación erótica. Cabe agregar, finalmente, la alta frecuencia de abuso físico, emocional, por depravación y sexual, al que los someten padres y profesorado (Páramo, 2011). 

 

Los factores comunes que determinan las conductas riesgosas de la juventud en alto riesgo, también han sido revisados por Florenzano Urzúa en 1998, quien señala algunos factores importantes como la edad, expectativas educacionales y notas escolares, comportamiento general, influencia de los pares (compañero/as y amistades), influencia de los padres, calidad de la vida comunitaria, la calidad del sistema escolar y ciertas variables psicológicas (el diagnóstico de depresión, junto con el de estrés excesivo, es el que aparece más frecuentemente asociado con las diversas conductas de riesgo adolescente) (Páramo, 2011).

 

Las conductas de riesgo en adolescentes son evidentes en la salud, siendo las principales responsables de la morbimortalidad en esta etapa, entre las cuales se mencionan anteriormente, que implican un deterioro considerable en la salud del adolescente afectando su calidad de vida, la inserción con igualdad de oportunidades en la sociedad y puede llegar a promover la aparición de las enfermedades crónicas no transmisibles en la edad adulta como diabetes, enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades respiratorias crónicas y enfermedad renal (Valenzuela Mujica, Ibarra, & Zubarew, 2013).

La adolescencia resalta por ser un momento de promesas y oportunidades, sin embargo, también puede ser, un periodo de graves consecuencias para la salud. Los problemas de salud del adolescente son predominantemente psicosociales, es decir, derivan de sus estilos de vida y conductas, los cuales son modelados primordialmente en el interior de la familia y también con base a sus interacciones con el entorno (Valenzuela Mujica, Ibarra, & Zubarew, 2013).

    Bibliografía

    • Aguiar, E. & Acle-Tomasini, G. (2012). Resiliencia, factores de riesgo y protección en adolescentes mayas de Yucatán: Elementos para favorecer la adaptación escolar. Acta Colombiana de Psicología, 15(2), 53-64.

    • Díaz, C. L., & González, M. T. (2014). Conductas problema en adolescentes en la ciudad de Monterrey, México. Enfermería Global, 1-16.

    • Gutiérrez, J. P., García-Saisó, S., Espinosa-de la Peña, R., & Baladrán, D. A. (2016). Desigualdad en indicadores de comportamientos de riesgo en adolescentes en México: análisis de dos encuestas de salud. Salud Pública de México, 657-665.

    • Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2016). En Números, documentos de análisis y estadísticas: Factores de riesgo y conductas antisociales en jóvenes de áreas urbanas de México. México: INEGI.

    • Juventud, I. M. (29 de Junio de 2019). Gobierno de México. Obtenido de “¿Qué es ser joven?: https://www.gob.mx/imjuve/articulos/que-es-ser-joven

    • Páramo, M. D. (2011). “Factores de Riesgo y Factores de protección en la adolescencia: Análisis de Contenido a tráves de Grupos de Discusión”. Terapia psicologica , 85-95. 

    • Papalia, D., Feldman, R. & Martorell, G. (2012). Desarrollo Humano. México: Mc Graw Hill

    • Secretaria de Seguridad Pública. (2011). Deserción escolar y conductas de riesgo en adolescentes. México: Secretaría de Seguridad Pública.

    • Valenzuela Mujica, M. T., Ibarra, A. M., & Zubarew, T. N. (2013). Prevención de conductas de riesgo en el adolescente: rol de famiia. Index Enfermería, 22(1-2).

    AUTORES

    Karen Andrea Del Carmen Quiroz Estrada

    Correo electrónico: andy.quiroz.e@hotmail.com

    Licenciada en Psicología especializada en el área social por parte de la Universidad de Guanajuato. La investigación y el trabajo de intervención psicosocial han sido parte esencial de mi formación, siendo participe de eventos tales como el Verano de Investigación UG, el Encuentro de Jóvenes Investigadores y el Congreso Mexicano de Piscología Social; además de haber diseñado e implementado intervenciones para promover las actitudes proambientales, fomentar hábitos saludables, visibilizar y desnormalizar la violencia de género en los espacios públicos, entre otros.

    María Elena Sandoval Barajas

    Correo electrónico: helena.sandoval11@gmail.com

    Egresada en Antropología Social por la Universidad de Guanajuato y feminista.
    He laborado en el Instituto Municipal de las Mujeres en los programas de Masculinidades y Redes de Mujeres y para la organización internacional DKT México y condones Prudence como responsable de programas sociales en Guanajuato.

    También he participado como facilitadora en la capacitación a elementos de Seguridad Pública Municipal en el curso “Policía de proximidad y/o Unidad especializada para atender la violencia familiar y de género” en colaboración con el Instituto Municipal de las Mujeres y en el proyecto Hewlett para el fortalecimiento del acceso a los servicios de salud para adolescentes y mujeres indígenas, financiado por el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir A.C.

    Actualmente estoy en proceso de publicación un artículo en el libro “Identidades en Guanajuato” financiado por la Universidad de Guanajuato y soy Consejera Juvenil en el Consejo de Salud del municipio de León, Guanajuato.